Febrero, mes de mal agüero para la clase política yucateca
Mérida, Yucatán, 12 de febrero de 2026.- Febrero ya puede ser considerado en Yucatán como el mes de mal agüero para los políticos y políticas del patio.
La historia da pistas. Un 14 de febrero, pero de 1991, renunció el entonces gobernador Víctor Manzanilla Schaffer, tras apenas tres años de una gestión marcada por pleitos internos en su gabinete, acusaciones de corrupción y una evidente falta de liderazgo.
A Manzanilla se le atribuían gustos que no ayudaban a la investidura: el licor fino, las faldas —sobre todo mozuelas—, las partidas de póker y los frecuentes viajes al oriente del estado para “conbeber” con amigos ganaderos. A eso se sumaba un error político frecuente: rodearse de colaboradores cuestionados, como el apodado “sapoperro”, enfrentado abiertamente con el entonces alcalde de Mérida, Carlos “Cheché” Ceballos Traconis.
En su etapa como dirigente de la CNC en Yucatán —la llamada Liga— también impulsó a personajes cercanos, entre ellos un ganadero del oriente que jamás se quitaba el sombrero, ni siquiera en las sesiones del Congreso del Estado cuando fue diputado. Dicen que usar sombrero en interiores es de mala suerte. Más aún en febrero.
Las coincidencias históricas alimentan la narrativa.
Este febrero de 2026 vuelve a agitar las aguas. Ya se confirmó la renuncia de Rogelio Castro Vázquez, en medio de señalamientos por presunto hostigamiento laboral, ceses ilegales y otras irregularidades.
También dejó el cargo Alpha Tavera, así como el exdirector de la Escuela Normal de Educación Primaria Hilario Leoncio Vélez Merino.
Y el ambiente político no está quieto. Desde antes del primer informe del gobernador Joaquín Díaz Mena se anticipaban movimientos en el gabinete. Las versiones apuntan a posibles salidas en áreas sensibles.
Se menciona con insistencia a Sisely Burgos Cano, titular de Semujeres, y a Francisco “Pancho” Torres Rivas, director de la Japay, ambos señalados y criticados por fallas en el desempeño de sus responsabilidades.
¿Casualidad o patrón?
Febrero parece convertirse en el mes en el que las tensiones acumuladas encuentran desenlace. En Yucatán, la política tiene memoria… y el calendario también.
Por: Aquiles Bah Madrazo.-