Los abucheos, pitorreos y silbatinas a Pedro Oxte el 1 de mayo: no es lo mismo, pero es igual
El sempiterno “líder” de la CROC en Yucatán, Pedro Oxté Conrado (rima con honrado, pero no va aquí), recibió una sonora silbatina y abucheos el 1 de mayo, durante la conmemoración del Día del Trabajo en Mérida.
Ya dimos cuenta de este suceso en nuestra edición del dia de “Cambio del Sureste”, pero hay que agregarle algunas líneas en este editorial. Pedro Oxté se ha ganado a pulso esos abucheos; su permanencia en esa organización viene siendo repudiada por los propios agremiados desde hace muchos años.
Oxté se ha olvidado de servir a los croquistas. Los ha mantenido alejados y los trabajadores no han visto un cambio en sus condiciones de vida desde que este sujeto asumió las riendas del poder. Pero qué tal con su propia persona; ahí sí, Pedrito se ha despachado con la cuchara grande, bien rebosada por cierto, y no ha tenido llenadera.
¿Termino o sigo “pa’” delante? Bueno, pues por estar al frente de la famosa CROC, liderándola y mangoneándola, le ha resultado provechoso y productivo. Ha ocupado numerosos cargos de elección popular, pero —siempre salta el “pero”— nunca por elección directa de cara al pueblo; han sido las famosas plurinominales, bajo los patrios colores del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Sin embargo, ha sabido adaptarse a los gobiernos en turno, hayan sido del tricolor o del Partido Acción Nacional (PAN), con Patricio Patrón Laviada al frente, en cuyo mandato, a decir de los propios trabajadores croquistas, le fue requetebién.
Supo Oxté navegar como piraña en aguas mansas azules y, a pesar del despido de trabajadores y del cierre del Diario del Sureste, vocero de la Revolución, el dirigente croquista en Yucatán no dijo ni pío. Se disciplinó y se vistió con la casaca azul de marinero de agua dulce, dócil a las órdenes de la Secretaría General de Gobierno en ese entonces.
Ahora Pedro Oxté quiso ponerse el uniforme guinda y pronunció un discurso zalamero a las órdenes de la 4T, que gobierna Yucatán y gran parte del país. Pero los trabajadores le manifestaron su rechazo y repudio con sonoros abucheos, pitorreos y silbatinas. Aunque, de seguro, al dirigente obrero le valió un diez de mayo. Sigue sentado en el trono.
Cuidado: esas trompetillas pueden ser preludio de su caída. Los trabajadores croquistas yucatecos están hartos de este sempiterno líder, que antes vivía en una modesta casita de un fraccionamiento obrero, donde se reunía con otros compañeros para la “ordeña” y libar jugo de caña.
David J. Barrera Canto
Mérida, Yucatán, 5 de mayo de 2026.