Delincuentes de cuello blanco
Nuestro país, entre otras muchas cosas, cuenta con una riqueza cultural, llena de valores espirituales y morales. La grandeza de nuestra nación es lo que aún nos mantiene de pie a las y los mexicanos después de vivir el mayor saqueo desmedido por la ambición al Dios dinero. Los delincuentes de cuello blanco son los ladrones más peligrosos del país, ellos, han desgraciado a toda una nación, son corruptos y corruptores.
Parte de la responsabilidad de la desgracia social en la que hoy vivimos, se la podemos atribuir a la clase política y empresarial que ha perpetuado por años la monstruosa desigualdad en la que estamos inmersos. A este selecto grupo, pertenecen los autores intelectuales de la desgracia nacional, porque mientras robaban, mientras saqueaban, mientras ponían por delante el negocio y diversos intereses particulares, había millones de jóvenes que se quedaban sin oportunidades, y veían cancelado su futuro, su esperanza. La tragedia nacional, tiene nombre y apellidos.
Representativo, es el caso de Emilio Lozoya Austin, un hombre perteneciente a una familia de abolengo en México, un hombre preparado, promesa de la tecnocracia mexicana o internacional. Lozoya de familia “bien”, de las familias que van a domingo a misa, que son las bien portadas ante una sociedad de élite. Estudio en el ITAM y su posgrado lo realizó en Harvard, prestigiosas Universidades. Fue educado en cuna de oro, en las mejores Universidades, ¿en qué parte de su vida se perdió? tuvo todo en la vida, tuvo privilegios, Emilio nunca padeció carencias, hambre, desigualdad o algún indicador de pobreza, le tocó nacer con todas las condiciones favorables.
Lozoya Austin encarna los antivalores, las conductas delictivas, las conductas antisociales, su actuar de robó y saqueo, es tan peligroso como de cualquier narcotráficante en México. Aunque no puede adjudicarse de manera directa, Emilio es uno de los autores intelectuales de la violencia que hoy vivimos. No debe estar tranquilo, gracias a su robo desmedido y ambición, millones de jóvenes fueron ingresando al crimen organizado por la falta de oportunidades.
Hoy en día los delincuentes no son los de antes. Antes arrestaban gente que rompía vidrios, parabrisas, pero de pronto todo cambio, el país se corrompió. Los delincuentes se amarran al cuello costosísimas corbatas, cuellos blancos, trajes carísimos, carros impagables, mansiones, cuyo costo no son justificables, ni siquiera tienen la vergüenza de intentarlo. Y todos son parte del sistema político nacional, están o estaban como funcionarios públicos y eso es denigrante.
Al final del túnel y de la noche muy larga y obscura que duró de 36 años, aún hay esperanza con un nuevo Gobierno encabezado por un Presidente de la República decente y que ama mucho a México. Sumemos entre todos para dejar muy atrás al pasado.
Lic. Jorge Sánchez Reyes, Politólogo, Licenciado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales.- 25 febrero 2020.-